Jorge Abbott, la sombra que cubre al Ministerio Público

mayo 23, 2018 - 5 minutos read

Desde el primer momento -por allá en 2015 cuando se negociaba la sucesión de Sabas Chahuán- el nombre de Jorge Abbott se encuentra en el centro de la polémica. No sólo por su trayectoria sino por sus promesas de campaña en medio de las investigaciones por los casos de corrupción que involucraban a parlamentarios.

Pero desde su designación, tras citas a escondidas con senadores de distintos colores, bastante agua ha corrido bajo el puente y la figura del Fiscal Nacional es asociada a una herramienta que terminó por liberar a los involucrados en los casos Penta, SQM y otras aristas. La impunidad logró imponerse gracias a los cruces de influencias, lazos sanguíneos e intereses políticos que nutren a la casta de una red de protección que sólo ahora está siendo develada.

A esto se suman la serie de denuncias de acoso, hostigamiento y prácticas antisindicales que han realizado los funcionarios del Ministerio Público, las que se han realizado en Chile y que han llegado incluso hasta la Organización Internacional del Trabajo, dan cuenta de una doctrina que se sostiene en el autoritarismo y la soberbia de un funcionario que cree estar por sobre la ley.

Sus declaraciones de la última semana donde señala “no voy a renunciar, no tengo miedo” (revista Capital / 9-5-2018) o a la salida de la comisión especial de seguridad del Senado donde declaró que “Quién crea que puedo renunciar al cargo, simplemente no me conoce” (TVN / 15-5-2018), no solo denotan el alto nivel de preocupación de Abbott sino que su defensa refrenda su actitud autoritaria.

Ahora, ¿qué es lo que se esconde en la sombra que Jorge Abbott proyecta sobre el Ministerio Público? Esta es una institución que se encuentra en una crisis profunda, donde las investigaciones a los casos de corrupción han roído cualquier margen de respeto y se le vincula con los investigados. Las reuniones con senadores y con el actual ministro de Justicia, Hernán Larraín, solo son un botón de muestra del actuar de Abbott y de su concepción de igualdad ante la ley. En relación con los funcionarios la lógica se mantiene.

Por eso nos embarcamos en esta causa. Por más que quienes quieren mantener sus actuales privilegios en las esferas de poder, traten de insinuar que los que estamos haciendo es farandulizar la política; creemos que este es el primer paso para recuperar las instituciones para la gente, para demostrarle a los poderosos que no son intocables, que los funcionarios públicos deben responderle a la ciudadanía, porque se deben a la gente, un paso para profundizar nuestra democracia. Por ello no basta con la destitución o renuncia del cuestionado Fiscal Nacional, debemos trabajar en una profunda reforma al Ministerio Público, ese es nuestro llamado a todas las fuerzas políticas y el gobierno, un llamado que hacemos desde la ciudadanía.

El actuar de Abbott y el asentamiento de su doctrina es un grave problema para nuestra ya complicada democracia, porque termina reduciendo derechos para unos en beneficio de otros, porque concreta la injusticia y la impunidad. Y sobre todo, hace que el guardar el polvo debajo de la alfombra se convierta en una práctica habitual.

La sombra de Jorge Abbott en el Ministerio Público, y todo lo que cubre, debe ser disuelta, para que las ciudadanas y ciudadanos puedan tener certezas que la labor de la institución será pareja para todas y todos sin distinción de clase ni condición política. Ese es nuestro objetivo y tarea que tenemos por delante, por eso a los defensores de los privilegios de los poderosos les decimos que está bien que nos tengan miedo.

* Columna publicada en The Clinic

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