Imaginemos una Mayoría Popular

octubre 13, 2017 - 16 minutos read
Hoy vivimos un momento histórico. Como nunca antes en los últimos 25 años, una fuerza alternativa a la Concertación (hoy Nueva Mayoría) y a la derecha tiene la posibilidad real y concreta de pasar a segunda vuelta. Esta realidad política-electoral nos obliga a repensar e imaginar la posibilidad de que sea el Frente Amplio, liderado por nuestra candidata presidencial, Beatriz Sánchez, quien se enfrente en diciembre al candidato de los conservadores y de la casta económica, Sebastián Piñera. Sería la primera vez que un candidato que no viene de la élite política y de una fuerza tradicional, tenga posibilidades de ser la próxima presidenta de Chile.
Nuestro partido se ha planteado desde su nacimiento el desafío político y electoral de disputar todos los espacios de poder a la casta política, con el objetivo de avanzar en la superación del neoliberalismo y la transformación de la sociedad del lucro en una sociedad de derechos.
Hoy afrontamos ese desafío desde el Frente Amplio, este espacio político que hemos construído para disputar a los poderosos. Es desde acá que hacemos la reflexión, invitándoles a repensar cómo continuaremos profundizando el proyecto radicalmente democrático y popular que representamos como Poder Ciudadano ante la coyuntura electoral que se nos presenta: la segunda vuelta. Este escenario nos obliga a situarnos en la opción que sea Beatriz y el Frente Amplio quienes pasemos a segunda vuelta; pero también, por responsabilidad política, reflexionar acerca del escenario en que sea el candidato Independiente, apoyado por el Partido Comunista, el Partido Socialista, el PPD y el Partido Radical, Alejandro Guillier, quien deba enfrentarse al candidato de la derecha, Sebastián Piñera.
Nos parece prudente convocar a toda nuestra militancia a generar esta discusión, así como a quienes adhieren al proyecto del Frente Amplio; pues los espacios de reflexión colectiva, desde abajo, deben ser la forma en que tanto nuestra organización política como el Frente Amplio, debemos definir nuestra política.
Creemos que es urgente debatir y reflexionar en profundidad. No es suficiente con hacer un llamado a un plebiscito –cuestión que por cierto compartimos-, si al momento de realizarlo no hemos dado el debate suficiente y la reflexión necesaria para tomar la mejor decisión; no sólo pensando en nosotras y nosotros, sino más bien pensando en Chile, su gente y el proyecto transformador y anti neoliberal que debe convocarnos. Lo peor que podría sucedernos es chocar con la segunda vuelta sin haber elaborado la política adecuada para dicho momento; los resultados parlamentarios serán un elemento central al momento de hacer las evaluaciones.
Sabemos que el Frente Amplio aún no es capaz por sí solo de derrotar a la casta y a los conservadores, así como también que no se trata solamente de derrotar a Piñera. Debemos instalar con toda claridad que nuestro desafío es superar a las fuerzas que impiden los cambios que Chile y su gente necesitan, a las fuerzas que buscan retroceder en lo poco que se ha avanzado estos últimos años. Esas fuerzas conservadoras están en la casta política y económica, en los círculos empresariales, en la clase política de la derecha, pero también en sectores decisivos de lo que se conoce como Nueva Mayoría.
Por tanto, nos parece vital que en este debate tengamos la posibilidad de re-imaginar la construcción de un proyecto que tenga la capacidad de desbordar al Frente Amplio. Un proyecto que construya y se posicione desde una perspectiva popular y radicalmente democrática; que piense los próximos cuatro años como la posibilidad de transformar el eje histórico de la transición, abriendo un ciclo con un nuevo acuerdo social y político, cuya piedra angular sea la superación del neoliberalismo y la construcción de un Estado democrático y ciudadano: Un país para su gente y una sociedad de derechos en donde los movimientos sociales tengan un rol preponderante en la construcción de un nuevo pacto social.
La cuestión es entonces permitirnos construir una mayoría popular nueva, que garantice la gobernabilidad del país y las transformaciones sociales, políticas y económicas que se requieren para los próximos 20 años. La única manera de conseguirlo, creemos, es construir un imaginario popular en el que la gente pueda ver al Frente Amplio como una fuerza gobernante. Pero para lograrlo, de cara a una segunda vuelta, no basta con la convergencia de las fuerzas que hoy representamos al Frente Amplio.
La construcción de esta mayoría popular debe ser entendida en un imaginario político distinto al que hemos conocido hasta hoy. La mayoría popular a la que aspiramos debe tener como centro recuperar la soberanía popular, poner a las instituciones al servicio de la gente y superar el neoliberalismo. Entonces, es lógico pensar que el primer paso sea convocar a una Asamblea Constituyente, que permita sentar las bases de un nuevo ciclo histórico. Cualquier diálogo con otras fuerzas debe partir por reconocer que devolver la soberanía al pueblo de Chile es la base de cualquier construcción de cambio.
Entendemos entonces que la construcción de esta mayoría popular no puede poner restricciones como las hemos conocido hasta hoy. Por ello, no se trata que el eje aglutinador sea solamente estar a favor o en contra de Sebastián Piñera, pues entendemos que existe una clase dirigente en la Nueva Mayoría que a pesar de estar en contra de Sebastián Piñera, comulga con los sectores conservadores y empresariales de la derecha, una clase política que defiende el legado neoliberal, que pernocta bajo el mismo techo con SQM, Penta y otros de la misma categoría. Así, la más mínima reforma exige la ruptura con la clase política que ha liderado la transición. Por lo tanto, la aspiración de una mayoría popular debe articularse en torno al eje que quiebra con este legado, poniendo el acento entre quienes están a favor de una Asamblea Constituyente y quienes aún creen que basta con pequeños cambios a la Constitución de Pinochet. Es decir, entre quienes queremos superar la transición y abrir un nuevo ciclo político y quienes se sienten cómodos y se benefician del status quo.
Por tanto, un acuerdo político-social para superar y cerrar el acuerdo de la transición, y así dar inicio a una nueva etapa que supere su legado, debe ser lo radicalmente democrático y audaz, que no deja posibilidad alguna de retroceder y volver a las lógicas que hemos conocido hasta hoy. Debemos señalar sin temor a las y los chilenos el tipo de sociedad que queremos construir para los próximos 50 años, contarles que estos desafíos requieren de una mayoría popular para lograrlos, y que la superación del neoliberalismo y construcción de una sociedad participativa, democrática y de derechos, nos va enfrentar sin duda a la casta y los conservadores. Es así como, la ruptura con la clase dirigente que lideró la transición, la marginación de cualquier dirigente que esté formalizado o tenga acusaciones de corrupción, la realización de una Asamblea Constituyente, el establecimiento del Mandato Revocatorio y la iniciativa popular de ley, el fin de las AFP, el término del lucro en la salud, la democratización de la banca; el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios y del Estado Plurinacional, de los derechos sexuales y reproductivos como derechos fundamentales de las personas, así como de niñas y niños como sujetos de derecho, son el eje fundacional de cualquier acuerdo de construcción de la mayoría popular que doblegue a la casta y cambie el curso de la historia de las y los excluidos de nuestro país.
No podemos desconocer, como ha pasado en el resto de América Latina, que la llegada al gobierno de la derecha también significará una insubordinación de los privilegiados, quienes se ven amenazados con cualquier reforma, por pequeña que sea, que beneficie a los sectores más pobres de nuestro pueblo y que intente superar la política del gasto focalizado. Así, cualquier avance hacia la reivindicación de un derecho logrado estos últimos años, será derribado.
La exigencia de los grandes poderes en nuestro país es que se mantenga la ley del más fuerte. Nuestra élite se considera con poderes naturales que están por encima del Estado de Derecho. Vienen a reclamar con furia lo que es suyo: tienen una concepción patrimonialista del Estado, una dinámica de depredación que no permitirá que desarrollemos los cambios que la mayoría de nuestro país reclama y requiere, por dignidad, por buen vivir.
Por ello tenemos una responsabilidad política histórica que requiere, de manera urgente, pensar una vez más la disputa del sentido común. Para construir una mayoría hay que articular esperanzas y expectativas, para lograrlo tenemos que hacernos cargo de los deseos y anhelos de nuestras y nuestros compatriotas, incluso de aquellos que no compartimos.
Nosotros y nosotras, desde el Frente Amplio, tenemos hoy la posibilidad concreta de llegar a gobernar Chile, pero no podemos aspirar a hacerlo sin reconocer que una parte importante de la ciudadanía se ha sentido por años convocada por la Nueva Mayoría. Y es que la Nueva Mayoría, e incluso la derecha, lograron sintonizar con una parte de ese sentido común, pero desde la óptica conservadora. Nosotros y nosotras debemos disputar ese sentido común, pero con la convicción de transformarlo en un cauce emancipador.
Debemos elegir muy bien las batallas que damos, con quiénes las damos y el porqué las damos. El desafío es difícil, pero requiere audacia y valentía para enfrentar el futuro. Nuestra acción política no puede convertirse en ejercicios de nostalgia que busca recuperar un tiempo pasado. Del mismo modo debe evitar que nos convierta en más de lo mismo. Necesitamos analizar con sentido de realidad el presente y las particularidades que éste tiene. Tenemos una certeza, Sebastián Piñera y la derecha estarán en segunda vuelta. Tenemos claridad que será Beatriz Sánchez o Alejandro Guillier quien le dispute al conservadurismo la opción de gobernar Chile. Sobre eso debemos discutir y pensar el presente y el futuro.
Nosotros creemos que es desde el Frente Amplio donde debemos comenzar a construir la mayoría popular que sea capaz de incluir a quienes nos voten en noviembre; pero también a quienes votarán a otros proyectos que se sientan en el progresismo, la izquierda y las fuerzas transformadoras; así como convocar a la mayoría de las y los chilenos que han decidido no votar.
Si el objetivo del Frente Amplio y de Poder Ciudadano es que en nuestro país, nuestro pueblo recupere su soberanía, que las instituciones estén al servicio de la gente y que demos los pasos necesarios para superar al neoliberalismo; primero debemos entender que un proyecto así no se lleva adelante sólo con los que comparten una misma etiqueta; ese proyecto se levanta construyendo una mayoría popular transversal que convoque a las y los excluídos de este país, independiente del lugar en el que han estado o estén en noviembre.
DIRECCIÓN NACIONAL
PARTIDO PODER CIUDADANO