Emancipar la maternidad: Una necesidad urgente

mayo 13, 2018 - 10 minutos read

Por Estefanía Campos Figueroa – Frente Feminista Poderosas

Todos los 10 de mayo se celebra “el día de la madre” y cada año vemos cómo el mundo del comercio y la publicidad se encargan de hacer de un día común y corriente, una jornada asfixiante, comercial y que exige planificación y gastos. El orígen de esta celebración data de Grecia y posteriormente fue transformada por los católicos para honrar a la Virgen maría. Actualmente, es la excusa perfecta para festejar a todas las mujeres que han perpetuado la especie. Algunos dicen que suena lindo, pero ¿Qué hay detrás?

Esta fecha no solo es una estrategia comercial para aumentar las ventas en un período determinado de tiempo, sino que también contribuye con la conservación del sistema de dominación que conocemos como Patriarcado, un monstruo gigante que no solo impone roles de género a cada cual, sino que en específico violenta; abusa; mata y, en definitiva, oprime al 50% de la población mundial. Hablo de las mujeres y de lo naturalizado que está el supuesto de que la maternidad es el más importante de los requisitos para la realización personal y alcance de la felicidad.

La máquina funciona desde el primer día: naces, creces y todo tu entorno te señala que debes convertirte en una hermosa princesa; tranquila, delicada, amorosa y atenta. El mundo de los juguetes solo lo empeora, simulan los artefactos del hogar (cocinas, tazas, platos) o son muñecas y barbies a las cuales tienes que criar, bañar, vestir, cuidar, alimentar y buscarles un novio, es decir, te enseñan, desde un principio, que al crecer debes ser madre.

Sigues creciendo y te conviertes en joven, el mundo te enseña a maquillarte, a vestirte de tal o cual forma, para que te veas bonita, atractiva y deseable, sino, no encajas, no sirves. Tu comportamiento se vuelve un índice de medición constante: cuando pequeña, por el nivel de tu delicadeza; cuando joven, por el largo de tu polera o por lo pronunciado de tu escote.

Sigues creciendo y entonces te conviertes en madre y en el mejor de los casos, por opción. ¡Bingo! te transformas en lo que la sociedad tenía planeado para tí: cumplir con el rol histórico dejando en segundo plano tu autonomía, identidad y sueños. En esta etapa de la vida, los juguetes que usábamos cuando niñas se tornan reales: ahora la cocina, las tacitas y las muñecas son materia y sustancia de tu responsabilidad.

Pero con eso no basta, como si fuera poco, incluso siendo madre eres objeto de calificación: hay buenas o malas madres, y ello depende de si cumples con otra serie de estándares que la sociedad te exige y que no cumplirlos significa ser una mujer egoísta, inmoral, lo peor de lo peor. “Buena madre es la que vive, respira y se sacrifica por la felicidad de sus hijos”; frases de este estilo encontramos en un sin fin de manuales decimonónicos que no entienden absolutamente nada de la soberanía sobre nuestras vidas. Es demasiado ¿no?

Si lo analizamos históricamente, nos damos cuenta que fueron muchos los factores que contribuyeron con la construcción de los estereotipos anteriormente detallados, pero entre ellos podemos recalcar la gran influencia de las religiones judeocristianas. En los colegios, por ejemplo, aún actualmente uno de los pasajes que se enseña es el génesis que intenta explicar el mito de la creación y por qué cuando Eva rompe con las reglas y se convierte en la culpable de su pecado y también del pecado del hombre, es condenada a la menstruación; a que el parto sea un suceso doloroso e incluso fundamenta la propiedad que tiene el hombre sobre la mujer, es decir, se encarga de hacer un vínculo entre el sacrificio y la maternidad y también entre el sacrificio y lo que significa ser mujer, por ello desde temprana edad es que entendemos el dolor como un designio divino, como destino irremediable e incluso lo naturalizamos y no cuestionamos.

Hasta acá, la maternidad, es representada como un destino predeterminado para las mujeres, y quienes no han decumplir con dicho destino, están sometidas a recibir una condena social. Por ello es justamente en este espacio que cabe interrogarse acerca de lo ineludible del mismo, y, además, pensar en la posibilidad de otras maternidades, que no sean sinónimo de sacrificio, sino, de espacios de desarrollo; espacios en el que mujeres madres no pierdan su individualidad, su calidad de ser humano con necesidades, derechos, expectativas de desarrollo y sueños. Por ejemplo, en maternidades con responsabilidades compartidas, sujetas a un entorno comunitario que permita el desarrollo tanto de la mamá como de las y los hijos, como también de la sociedad en su conjunto y en ese sentido no es que seamos aguafiestas y estemos en contra del reconocimiento de todo lo que hacen las madres, sino que buscamos una reivindicación de lo que ello realmente implica.

Por ello es que creemos que tenemos el desafío de replantearnos un sin fin de cosas pero específicamente, la maternidad así entendida, para poder transitar de maternidades abnegadas a maternidades emancipadas, con especial enfoque en el respeto de los derechos de la mujer que es madre y no viceversa, porque años de lucha nos ha costado la emancipación social, política, cultural, laboral y corporal (hasta cierto punto) y no podemos seguir permitiendo que influencias como las que ejerce la religión o celebraciones como el dia de la madre, que hoy criticamos, cobren más fuerza y nos devuelvan al rol tradicional que nos han impuesto y del cual queremos despojarnos de una vez por todas.

Desde una perspectiva feminista es necesario cuestionar esta fecha y otras lógicas similares para poner en duda los cimientos de esta construcción social que nos aparta del espacio público y obliga al cumplimiento de ciertos cánones con los cuales no todas estamos de acuerdo, y que es no es más que una de las tantas expresiones de un sistema de dominación que nos violenta y daña cada día.

Por ello, la invitación en esta jornada es a reflexionar sobre la misma, con el fin de otorgarle un nuevo significado al “dia de la madre” y así reivindicar las luchas y demandas históricas. Por lo mismo es que entendemos el feminismo como la búsqueda de justicia y dignidad, de igualdad de derechos, e incluso como forma de vida porque soñamos con que todas y todos podamos ser libres de decidir quiénes somos y quiénes queremos ser. En ese sentido es que afirmamos tener como eje prioritario la defensa de la autonomía tanto de nuestros cuerpos pero también y por sobre todo, de nuestras vidas, porque cada persona tiene derecho a decidir sobre su proyecto personal de vida, además de entender que ser madre, no es ni será jamás una obligación, sino una mera opción.

*Columna publicada en El Desconcierto

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