Partamos de la base que es una vergüenza que tenga que existir una ley para que se abra la política a nosotras. Representamos a más de la mitad de la sociedad, y aún así menos del 16% de los escaños que actualmente hay en el Congreso están ocupados por mujeres. Eso quiere decir que las leyes que hoy nos rigen son debatidas y definidas por hombres.

Es una lástima ver como la incorporación de las mujeres a la política resulta un problema para algunos partidos políticos. Es como si la palabra “cuota” les diera alergia y por qué no decirlo, susto. No es posible que se pregunten de dónde van a sacar mujeres para cumplir con la ley, como si realmente fuéramos pocas las mujeres que participamos de la política; el problema aquí no es cuántas somos sino que a ojos de ellos no estamos aptas para ocupar los cargos de poder. Cuando la cuota de género representa un problema para la clase política, cuando ese mecanismo legal que asegura nuestra participación mínima les resulta una molestia, esa clase política se tiene que ir, porque no nos representan, porque no tienen ética para ocupar cargos políticos.

Las cuotas son un mecanismo acelerador de la participación femenina en los espacios de decisión política. No representan un cambio cultural, no significa que se nos considere realmente en los espacios de decisión, no implica que de un momento a otro, con la firma de una ley, se nos vea como actrices políticas relevantes, no. Sólo obliga a que dentro de las listas que los partidos presentan a las elecciones de diputados y diputadas, (sí, porque ni siquiera aplica al Senado), ningún género supere en cantidad al otro por más del 60% de candidatos(as). Lo que en la práctica significa que la ley asegura que el 40% de las listas esté compuesta por mujeres, porque si no fuera por esta ley, simplemente se olvidan que la política no es sólo cosa de “hombres”.

Partamos de la base que es una vergüenza que tenga que existir una ley para que se abra la política a nosotras. Representamos a más de la mitad de la sociedad, y aún así menos del 16% de los escaños que actualmente hay en el Congreso están ocupados por mujeres. Eso quiere decir que las leyes que hoy nos rigen son debatidas y definidas por hombres. Pero, ¿entienden acaso la que es vivir con pensiones de 80 mil pesos? ¿Saben lo que es no sentirte segura nunca al caminar por las calles, porque siempre estamos alerta a que nos puedan violentar? ¿Lo que significa tener un empleo en el que te pagan menos que a un hombre y tener que volver a tu casa a seguir trabajando en las tareas domésticas? ¿Saben lo que es ser madre soltera y no tener a nadie que cuide a tus hijos para ir a trabajar? ¿Saben lo que es ser una madre lesbiana y te quieran quitar a tus hijas? ¿Saben lo que es ser trans y que no te acepten en los colegios? ¿Saben lo que es ser violada y quedar embarazada? ¿Saben lo que implica ser mujer en Chile? No, y no solo porque el 84% del Congreso esté compuesto por hombres, sino también porque son hombres que hoy representan a una élite político-económica que nada tiene que ver con la realidad de Chile.

Entonces, que la cuota sea un problema para Chile Vamos, donde sus mismas diputadas están en contra de que se exija que a nosotras nos tomen en cuenta; que sea un problema para la Nueva Mayoría, donde la discusión está en si llevar o no a un candidato maltratador de mujeres; que sea un problema para los grupos que manejan la política tradicional, grupos compuestos principalmente por hombres, porque que Carolina Goic sea la presidenta de la DC no significa que sea respetada como una líder política, ya vimos cómo su partido y su bancada de parlamentarios la ridiculizó por los medios. Pero para nosotras y nosotros, el Frente Amplio, no puede ser un problema. Como Frente Amplio no nos podemos quedar sólo con cumplir la cuota legal, debemos llevar listas completamente paritarias, porque no sólo es un compromiso de nuestra candidata presidencial, Beatriz Sánchez, es un imperativo ético. Aquí no se trata de cumplir la ley o de inventar candidatas para llenar la papeleta, aquí estamos hablando de una nueva forma de hacer política, que es con toda nuestra gente, con la diversidad de nuestra sociedad, con todas nuestras voces. El Frente Amplio debe ser coherente, debe actuar por convicción en fondo y forma, sería un fracaso que no estuviéramos a altura de lo que la sociedad del siglo XXI demanda. El feminismo no es sólo una consigna, no puede ser asumido sólo por moda, debe ser nuestra forma de hacer política en todos los espacios, entre ellos conformando listas parlamentarias paritarias.

Fuente: El Desconcierto

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